
Trump recibe a Messi en la Casa Blanca con anuncios sobre Irán y Cuba

La East Room de la Casa Blanca se convirtió este viernes en el escenario de un inusual contraste diplomático y bélico. Mientras Lionel Messi, capitán del Inter de Miami, mantenía su habitual perfil reservado y silencioso, el presidente estadounidense Donald Trump transformaba la recepción oficial al campeón de la MLS en un mitin de reafirmación militar.
Entre elogios al astro argentino y comparaciones con figuras como Pelé o Cristiano Ronaldo, el mandatario estadounidense no dudó en intercalar partes de guerra sobre la ofensiva en Irán, asegurando que la destrucción del enemigo avanza "mucho antes de lo previsto".
La cita, marcada por la euforia presidencial, dejó además un titular geopolítico: Cuba es el siguiente objetivo en la agenda de Washington.
El protocolo deportivo quedó rápidamente eclipsado por la retórica belicista de Trump.
El presidente, que hizo esperar a la delegación del equipo de Florida mientras supervisaba las operaciones militares y los mercados, se jactó de la "paliza" que las fuerzas estadounidenses, en colaboración con socios israelíes, están propinando en territorio persa.
Según el republicano, la capacidad de misiles y drones iraníes está siendo demolida "cada hora", citando la pérdida de 24 embarcaciones enemigas en apenas tres días y la supuesta desaparición de sus defensas antiaéreas.
Asimismo, Trump aseguró ante un Messi impasible que la campaña alcanza niveles de destrucción "nunca vistos".
A pesar del ruido de sables, el mandatario reservó espacio para los gestos simbólicos hacia el fútbol.
Al recibir la camiseta número 47 del Inter de Miami y un balón conmemorativo de la edición limitada de 2025 firmado por el astro rosarino, Trump reconoció que el encuentro era también una concesión personal para su hijo Barron, confeso admirador del argentino.
"Cristiano es genial, tú eres genial", sentenció el presidente para evitar desaires hacia el portugués, aunque terminó sugiriendo que Messi podría ser incluso superior al mítico Pelé, a quien recordó ver jugar en el Cosmos de Nueva York.
Este tipo de recepciones en la Casa Blanca, tradicionalmente reservadas a las grandes ligas como la NFL o la NBA, subraya el nuevo estatus del fútbol en Estados Unidos tras la llegada de figuras globales.
La presencia de inversores y figuras de la comunidad hispana refuerza esta narrativa, conectando el éxito deportivo con la influencia económica y política de los grupos de presión en Washington.
El momento de mayor tensión política llegó cuando Trump vinculó la propiedad del club —en manos de los hermanos Jorge y José Mas, de origen cubano— con sus planes de futuro para la isla.
El presidente anunció que, una vez concluida la ofensiva en Irán, el foco se desplazará hacia La Habana.
"Es solo cuestión de tiempo antes de abordar lo de Cuba", afirmó el mandatario, asegurando que la dictadura "caerá" para permitir el regreso de los exiliados.
Dirigiéndose al secretario de Estado, Marco Rubio, Trump definió la situación en la isla como el "próximo proyecto" de la administración, subrayando su intención de ir "partido a partido".
La ceremonia concluyó con una promesa dirigida a Jorge Mas, augurando una celebración próxima por lo que "está pasando en Cuba".
Con información de El Nacional.cat



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