
Guillermo busca expulsar a Andrés de la línea de sucesión por el caso Epstein

El príncipe Guillermo, heredero al trono británico, presiona para activar una legislación parlamentaria que borre definitivamente a su tío, el expríncipe Andrés, de la línea sucesoria, una medida drástica que cuenta con el respaldo de la opinión pública británica, según recoge Lecturas.
Tras pasar 11 horas en comisaría a finales de febrero por su presunta implicación en la filtración de datos confidenciales al entorno de Jeffrey Epstein, el duque de York se enfrenta ahora a la ofensiva final de su sobrino, el príncipe Guillermo.
El "caso Epstein" ha dejado de ser una mancha reputacional para convertirse en un problema de seguridad nacional para la Corona británica.
Según revela el Sunday Times, Guillermo lidera ahora la corriente interna que exige la expulsión forzosa de su tío de la línea de sucesión, una decisión que marcaría un hito histórico al ser la primera vez que un miembro de alto rango es apartado por imperativo legal y no por abdicación voluntaria.
La frustración de Guillermo de Inglaterra es palpable ante la lentitud de los procesos burocráticos. Fuentes consultadas por The Sun indican que el príncipe de Gales considera a Andrés una "amenaza constante" para la supervivencia de la institución.
Esta aversión no es nueva; desde 2021, el heredero ha calificado a su tío de "descortés", pero la gravedad de los nuevos archivos desclasificados por el Departamento de Justicia de EEUU ha transformado su opinión en una estrategia de destierro total.
Guillermo ya habría planeado prohibir la presencia de Andrés en su futura coronación y en cualquier evento oficial de la familia.
En el ámbito político, el primer ministro Keir Starmer ya baraja la posibilidad de presentar una ley ante el Parlamento para formalizar esta destitución.
Aunque el proceso podría demorarse años debido a su complejidad jurídica, el entorno gubernamental asegura que el movimiento es inevitable una vez concluya la investigación policial.
Este procedimiento legislativo tiene su único antecedente moderno en 1936, cuando se aprobó la exclusión de Eduardo VIII tras su renuncia al trono por amor, aunque en este caso la motivación es estrictamente criminal y ética.
Por su parte, el rey Carlos III mantiene una posición de respeto institucional, pero sin ofrecer protección a su hermano.
El monarca, que ya despojó a Andrés de sus títulos oficiales y honores militares, ha dejado claro que actuará siguiendo el consejo del Gobierno en materia legislativa.
Esta falta de oposición real se interpreta como una luz verde para que el Parlamento proceda, dejando al duque de York en un aislamiento absoluto mientras se procesan los cargos relacionados con la trama de espionaje y tráfico de influencias.
Este clima de tensión se produce mientras la monarquía británica intenta proyectar una imagen de estabilidad en un 2026 convulso.
Durante la reciente gala de los BAFTA, el príncipe Guillermo admitió atravesar un período de falta de tranquilidad personal, coincidiendo con el pico del escándalo de su tío.
La presión sobre el heredero es máxima: debe salvaguardar la reputación de la Corona mientras la sombra de los archivos de Epstein continúa revelando conexiones que amenazan con salpicar los cimientos del Palacio de Buckingham.
El respaldo social a esta medida es abrumador. Una encuesta reciente de YouGov refleja que el 82% de los británicos apoya la eliminación inmediata de Andrés de York de la línea de sucesión, mientras que solo un 6% se muestra contrario.
Para el príncipe Guillermo, estos datos validan su postura: mantener a su tío como potencial heredero —actualmente situado tras los hijos del príncipe Harry— es un riesgo que la monarquía del siglo XXI no puede permitirse bajo ninguna circunstancia.
Con información de Lecturas



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