La vacuna contra el herpes zóster puede reducir el riesgo de demencia, según un estudio

El herpes zóster es una enfermedad que se produce por la reactivación de un virus que permanece latente en nuestro cuerpo, el de la varicela-zóster, después de una infección inicial

Salud y Bienestar Agencias
Campaña de vacunación en la Comunidad de Madrid|Foto: EFE/Sergio Pérez
Campaña de vacunación en la Comunidad de Madrid|Foto: EFE/Sergio Pérez

Un estudio dirigido por la facultad de medicina de Stanford en Estados Unidos ha elaborado un análisis de los registros de salud de los adultos mayores en la nación británica y ha concluido que la vacuna contra el virus del herpes zóster puede reducir el riesgo de demencia.

El estudio, publicado el año pasado en la prestigiosa revista especializada Nature, señala que aquellos que recibieron ese suero en determinados años tuvieron hasta un 20% menos de probabilidades de desarrollar demencia en los años siguientes respecto a quienes no recibieron la vacuna.

Estos resultados apoyan una hipótesis emergente, cada vez más respaldada en la comunidad científica, que propone que algunos virus que afectan al sistema nervioso podrían aumentar el riesgo de las personas de desarrollar demencia, según reporta también  la agencia de noticias SINC.

Si se llegasen a confirmar estos hallazgos implicarían que ciertos programas de vacunación pueden ser una intervención efectiva para reducir la incidencia de la demencia de manera importante.

Pasillo de hospital - enfermos- paciente - doctor - virus- hospitalizado Así son los cinco virus que están saturando los servicios de salud de toda España

Ya había algunos estudios previos que habían vinculado la vacuna contra el herpes zóster con reducciones en la tasa de demencia.

Sin embargo, adolecían de un sesgo importante: quienes reciben la vacuna, normalmente, tienden a ser más conscientes de su propia salud de maneras difícilmente documentables pero que pueden incidir de manera importante en el riesgo de padecer demencia.

En este caso, los autores encontraron un caso idóneo para estudiar la asociación de la vacuna con la demencia: el programa de vacunación contra el herpes zóster con una forma atenuada del virus que se inició en Gales en 2013.

Una pequeña diferencia en edad

El herpes zóster es una enfermedad que se produce por la reactivación de un virus que permanece latente en nuestro cuerpo, el de la varicela-zóster, después de una infección inicial.

En este caso, afecta a los nervios periféricos (neuropatía gangliorradicular) y a la piel, donde puede producir pequeñas ampollas dolorosas en forma de anillo agrupadas a lo largo de un dermatoma.

Esta reactivación se produce, sobre todo, en personas inmunodeprimidas o mayores, con lo que éstas constituyen un objetivo preferente de las campañas de vacunación.

virus..Virus Nilo : Andalucía confirma un caso de un niño en Lebrija e investiga otro en dos hermanas

En aquel año, el pequeño país de Gran Bretaña enfrentaba problemas en el suministro del suero, por lo que estableció una política bastante inusual. Cualquier persona que tuviera 79 años a uno de septiembre de 2013 era candidata a la vacuna durante un año.

Mientras que las personas que tuvieran 78, pasarían a serlo al año siguiente también durante un año y así sucesivamente. Por el contrario, las que tuvieran 80 años o más no serían elegibles nunca.

Esto implicaba que una diferencia muy pequeña en edad era la que determinaba el acceso a la vacuna de las personas. Por eso, comparar a quienes cumplieron 80 años justo antes del 1 de septiembre de 2013 con aquellas que los cumplieron justo después permitió a los autores hacerse una imagen muy precisa de la asociación entre la vacuna y el riesgo de demencia.

Para facilitar aún más la tarea, estos datos estaban fielmente reflejados en los registros de salud del país.

De este modo, estos investigadores examinaron la información recopilada en estos registros de más de un cuarto de millón de personas que tenían entre 71 y 88 años y no tenían un diagnóstico de demencia al inicio del peculiar programa de vacunación.

La idea es que aquellos que cumplieron 80 años una semana antes debían ser una población muy similar a los que cumplieron una semana después, y que proporciones equivalentes de ellos querrían recibir la vacuna a pesar de que sólo el primer grupo pudiera hacerlo.

Así, tras tener en cuenta las tasas reales de vacunación y realizar un seguimiento de los casos de demencia se observaron que los vacunados tenían un 20% menos de riesgo de recibir un diagnóstico de la enfermedad neurodegenerativa en los siete años posteriores que aquellos que no estaban vacunados.

El resultado, incluso, soportó la toma en consideración de otras variables (como el nivel de estudios) que en realidad vinieron a confirmar la homogeneidad de la población elegible y la no elegible.

Por ejemplo, comprobaron que los elegibles no eran más propensos a recibir otras vacunas o intervenciones preventivas, ni tenían más probabilidades de tener diagnósticos de otras enfermedades crónicas comunes como diabetes, enfermedad cardíaca o cáncer. La única reducción que se observó fue en la tasa de incidencia de la demencia.

Con información de 20minutos 

Te puede interesar
Lo más visto

Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email