
Alcaraz alcanza las semifinales en Australia y lanza un aviso a Zverev

Carlos Alcaraz sigue derribando muros en su precoz y fulgurante carrera. El tenista murciano ha sellado su pasaporte a las semifinales del Open de Australia por primera vez, tras arrollar al ídolo local, Alex de Miñaur, con un contundente 7-5, 6-2 y 6-1.
En apenas dos horas y 18 minutos, Alcaraz no solo silenció la Rod Laver Arena, sino que firmó su décima presencia en la penúltima ronda de un Grand Slam.
Esta marca lo sitúa como el segundo jugador más joven de la historia en alcanzar dicha cifra, solo superado por unos días de diferencia por Rafa Nadal, consolidando un relevo generacional que ya es una realidad palpable.
Tras la victoria, el español mostró una madurez inusual para su edad, poniendo el foco en la gestión emocional del juego.
"Es una de las cosas que venimos trabajando: estar sereno cuando más lo necesito", confesó Alcaraz, reconociendo la labor de su equipo técnico.
El murciano admitió que, aunque el encuentro ante De Miñaur tuvo tramos de dificultad, la clave residió en la resiliencia y el disfrute.
"Ha habido momentos en los que me he estado riendo, pasándomelo bien, y por eso lo he visto todo de una forma mucho más clara. Estamos madurando sin perder nuestra esencia", señaló sobre esa capacidad de sonreír bajo presión que se ha convertido en su sello personal.
En cuanto a su estado de forma, el de El Palmar se mostró optimista pero cauto, evitando comparaciones con versiones pasadas.
"Hablar de si es mi mejor nivel son palabras mayores, recordando el US Open, pero me siento muy bien", explicó a los medios. Alcaraz destacó que su progresión en el torneo ha sido ascendente, ganando en paciencia y fondo físico.
La importancia de su entorno familiar y técnico fue otro de los puntos clave en su análisis post-partido, subrayando que tener a su padre y a su hermano cerca le hace sentir "como si estuviese en casa", cumpliendo además un sueño compartido con su progenitor.
El horizonte de Alcaraz ahora se tiñe de una palabra: revancha. Su próximo rival será Alexander Zverev, un tenista que ya le venció en los entrenamientos previos al torneo y que llega en un estado de forma imperial.
"Tengo que subir mi nivel. He visto a Sascha jugar un tenis sólido y agresivo, sacando muy bien", advirtió el español.
Alcaraz es consciente de que la batalla táctica será feroz y de que deberá ejecutar un plan sin fisuras para doblegar al alemán. "Supimos lo que hicimos mal hace dos años y lo hemos mejorado. Vamos a intentar ser otro jugador frente a él", sentenció con la mirada fija en la gran final.
Este enfrentamiento supone un punto de inflexión para el tenis español en Melbourne, un territorio que históricamente ha sido esquivo salvo para las leyendas más laureadas.
La capacidad de Alcaraz para adaptarse a la superficie rápida australiana y su dominio sobre los rivales del 'top ten' confirman que su techo aún no es visible.
Con dos días de descanso por delante, en los que planea desconectar mediante el golf y paseos con su equipo, el murciano se prepara para lo que define como una "batalla bonita" donde el premio es la gloria en el Rod Laver.
Con información de AS



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