
EEUU: Trump convierte los aranceles en un impuesto millonario para los consumidores

La ofensiva comercial de Donald Trump ha transformado la estructura de ingresos de Estados Unidos (EEUU), pero no de la forma en que la Casa Blanca defiende en su retórica oficial.
De acuerdo con una publicación del medio El Debate, en apenas unos meses, la recaudación por gravámenes a la importación ha escalado de los 7.000 millones mensuales a superar con frecuencia los 25.000 millones de dólares.
Sin embargo, los datos económicos contradicen la premisa presidencial de que "otros países pagan el coste".
Según recoge el medio, la carga financiera de esta guerra arancelaria se ha convertido en un impuesto indirecto masivo de 270.000 millones de dólares que recae, casi en su totalidad, sobre las empresas importadoras y los hogares estadounidenses, mermando su poder adquisitivo de forma directa.
El salto cuantitativo es histórico
Durante casi una década, el arancel efectivo en EEUU se mantuvo estable en un 2%. Tras el regreso del republicano al poder, esta cifra ha escalado hasta el 9,5% en octubre de 2025, un récord absoluto que ha permitido al Tesoro federal triplicar sus ingresos incluso con un menor volumen de mercancías entrantes.
Esta voracidad fiscal se enfrenta ahora a un laberinto legal: el Tribunal Supremo declaró ilegales ciertos gravámenes el pasado 20 de febrero, al considerar que Trump abusó de la Ley de Poderes de Emergencia.
Pese a la orden de revisión, la Oficina de Aduanas ha confesado ante el juez la imposibilidad técnica de devolver los fondos, dejando miles de millones en un limbo jurídico.
La arquitectura de este "castigo" comercial se basa en una premisa que la academia tilda de falaz. Cuando se impone un arancel, es la empresa importadora estadounidense la que firma el cheque en la aduana.
Un estudio reciente de la Universidad de Bielefeld y el Kiel Institute for the World Economy es taxativo: el 96 % del coste de los aranceles acaba repercutiendo en el mercado interno de EEUU.
Solo un residual 4% es absorbido por los exportadores extranjeros, quienes prefieren reducir sus envíos antes que recortar sus márgenes de beneficio para compensar el impuesto de Trump.
Para el ciudadano medio, esta política se traduce en una inflación silenciosa pero devastadora.
Según el análisis del Budget Lab de la Universidad de Yale, los nuevos gravámenes reducen el poder de compra de cada hogar entre 1.400 y 2.100 dólares anuales.
Lo que se presenta como una medida de protección a la industria nacional funciona, en la práctica, como un gravamen al consumo que encarece desde productos básicos hasta componentes industriales, erosionando la competitividad de las propias firmas locales que dependen de suministros globales.
En el contexto actual de 2026, la economía estadounidense se encuentra en un punto de fricción donde la política exterior se utiliza como herramienta de recaudación interna.
Mientras Washington presume de fortalecer su posición frente a rivales como China, los indicadores de consumo sugieren que la factura la están pagando los mismos votantes a los que se prometió prosperidad.
La "guerra comercial" se ha revelado como un mecanismo de transferencia de riqueza desde los bolsillos de los consumidores hacia las arcas del Estado, disfrazado de patriotismo económico.
Esta dependencia de los ingresos aduaneros coloca a la administración Trump en una posición delicada.
Si el comercio sigue contrayéndose debido a los altos costes, la recaudación récord de 2025 podría ser solo un espejismo temporal antes de una desaceleración mayor.
El resultado final de este experimento arancelario no parece ser la capitulación de los socios comerciales, sino una transformación de Estados Unidos en una economía más cerrada, donde el coste de vida aumenta en la misma proporción en que se levantan las barreras en los puertos.
Con información de El Debate



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