Casi la mitad de Noruega rechaza a Mette-Marit como futura reina

La princesa heredera de Noruega enfrenta una crisis de confianza sin precedentes por sus vínculos con el caso Epstein
Actualidad Sala de redacción
princesa-mette-marit-noruega-crisis-popularidad-encuesta-reina|Foto: GTRES
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La monarquía noruega, históricamente blindada por el afecto de sus ciudadanos, atraviesa su etapa más convulsa en décadas. Lo que comenzó como una sólida institución de apoyo popular se ha transformado en un escenario de escepticismo generalizado tras una sucesión de escándalos que han erosionado la figura de la princesa heredera, Mette-Marit de 52 años. 

El reciente vínculo revelado con Jeffrey Epstein, sumado a los procesos penales de su hijo primogénito, Marius Borg, y una percepción de opacidad institucional, han desplomado sus índices de aprobación.

Hoy, la pregunta que recorre las calles de Oslo no es cuándo reinará, sino si la sociedad noruega está dispuesta a permitir que lo haga.

Los datos de las últimas consultas demoscópicas son reveladores de un cambio de paradigma.

Según una encuesta realizada por el diario 'VG' a finales de febrero de 2026, solo el 29,4% de los consultados respalda que Mette-Marit asuma la corona.

En el lado opuesto, un contundente 47,1% se opone frontalmente a su ascenso al trono, mientras un 22,6% permanece en la indecisión.

Esta tendencia se ha visto ratificada por un segundo estudio de 'Nettavisen', donde el rechazo se consolida en el 46,2%. Estos registros confirman que la esposa del príncipe Haakon ha perdido el favor mayoritario, enfrentándose a un muro de desconfianza que amenaza la estabilidad de la sucesión.

marius-borg-hijo-mette-marit-juicio-tribunal-oslo-delitos|Foto: Gtres Marius Borg suma nuevos delitos en pleno juicio y admite su culpabilidad

El malestar social no se limita a su entorno personal, sino a la gestión del silencio que ha mantenido la Casa Real.

El 62% de la población valora negativamente cómo la princesa ha manejado las informaciones sobre su contacto con Epstein, calificando su comportamiento de "malo o nefasto".

Para el sociólogo Vegard Jarness, esta crisis de legitimidad es una respuesta directa a la falta de transparencia. Según explica el experto, los noruegos evalúan negativamente su capacidad para representar al Estado en el futuro, considerando que sus vínculos pasados y los problemas legales de su familia son incompatibles con la ejemplaridad requerida por la corona.

La situación se torna aún más compleja al cruzar la crisis de imagen con su delicado estado de salud. Mette-Marit padece fibrosis pulmonar, una enfermedad que ha mermado su agenda oficial y que, según fuentes médicas, ha entrado en una fase crítica donde el trasplante de pulmón es ya una opción inminente.

La princesa ha reconocido en la televisión pública NRK que la evolución de su patología ha sido más veloz de lo previsto, una fragilidad física que el príncipe Haakon ha utilizado para justificar el retiro temporal de su esposa, pidiendo tiempo para su recuperación física y mental antes de ofrecer explicaciones públicas sobre las polémicas que la rodean.

En el contexto actual, la Casa Real de Noruega no solo lucha contra la enfermedad de la futura reina, sino contra un sentimiento republicano creciente que cuestiona la utilidad de la institución en el siglo XXI.

Mientras el rey Harald sigue viajando al extranjero pese a su salud debilitada, la falta de una voz clara por parte de los herederos ha dejado un vacío que las encuestas están llenando con cifras de rechazo histórico.

La monarquía noruega ya no se percibe como el pilar inamovible de antaño, sino como una estructura bajo sospecha que debe decidir entre la reforma o la irrelevancia.

Este escenario plantea un dilema sucesorio para Haakon de Noruega. Mientras el heredero intenta proteger a su mujer alegando que necesita "recomponerse", una parte considerable de la opinión pública interpreta esta actitud como una estrategia de distracción para suavizar una imagen pública dañada.

Sin una declaración contundente y un cambio en la política de comunicación, el futuro de la monarquía noruega pende de un hilo, con una heredera que, además de luchar por su salud, debe librar una batalla casi perdida por recuperar el corazón de un país que, por ahora, la prefiere sin corona.

Con información de Lecturas 

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