
La Sagrada Familia se coronó como la iglesia más alta del mundo con su nueva fase de construcción
Yusmary Coccia
La Basílica de la Sagrada Familia, obra inacabada de Antonio Gaudí, se convirtió oficialmente en la iglesia más alta del mundo. Este logro histórico llegó con la instalación del primer elemento de la cruz que coronará la torre central de Jesucristo, una maniobra de precisión que elevó la altura del templo hasta los 162,91 metros. De esta forma, la basílica barcelonesa superó por poco más de un metro a la que hasta ahora era su principal rival, la catedral de Ulm (Ulmer Münster) en Alemania, la cual mantenía el récord de mayor altura desde 1890.
La operación tuvo como protagonista al brazo inferior de la cruz, una colosal pieza de 7,25 metros de altura y un peso que supera las 24 toneladas. Este gigante de piedra, vidrio y cerámica no llegó a la sagrada familia en una sola pieza. Su viaje comenzó el pasado mes de julio, cuando fue transportado dividido en cuatro grandes paneles que fueron meticulosamente ensamblados en una plataforma situada a 54 metros de altura, en el corazón de la nave central. Fue en ese taller en las alturas donde también se realizaron los delicados trabajos de instalación de los vidrios y los revestimientos de piedra que ahora brillan bajo el sol mediterráneo.
El diseño de este brazo de la cruz es una muestra más de la visión de Gaudí. Presenta una compleja geometría de doble giro que parte de una base cuadrada para transformarse sutilmente en una forma octogonal hacia su extremo superior. Su exterior, un manto de cerámica blanca esmaltada y vidrios, fue seleccionado con un doble propósito: capturar y reflejar la luz con una intensidad casi divina y, al mismo tiempo, resistir el implacable paso del tiempo y los elementos. La colocación de esta primera pieza no es solo un triunfo de la ingeniería, sino el inicio de la fase culminante de la torre de Jesucristo, que, una vez rematada con la cruz completa, se alzará hasta los 172,5 metros, una altura comparable a la de un edificio de cinco plantas.
A pesar del éxito de este nuevo ascenso, se dio a conocer que se respetará la visión del creador del templo. En este sentido, Gaudí decretó que su obra nunca debía superar en altura a la montaña de Montjuïc, que se eleva 173 metros sobre la ciudad. El arquitecto consideraba que ninguna creación humana debería osar sobrepasar la obra de Dios que es la naturaleza. Así, la Sagrada Familia, incluso en su punto más álgido, se inclinará simbólicamente ante la colina que custodia Barcelona.
Después de 143 años del inicio de su construcción, la Basílica de la Sagrada Familia está experimentando sus últimos arreglos antes de la gran inauguración. Para el año 2026 se prevé la culminación total de las obras, coincidiendo con el centenario del fallecimiento de Gaudí. Por ello, la fundación de la basílica extendió una solicitud formal al Vaticano donde se pide la presencia del papa León XIV para que presida una misa conmemorativa.


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