
Trump amplia el acceso del cannabis, el mayor giro en la política de drogas de EE.UU. en décadas
Yusmary Coccia
En una decisión histórica que redefine la postura federal hacia la marihuana, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que allana el camino para el cambio más significativo en la política antidrogas del país en más de 50 años. La medida instruye al Departamento de Justicia para reclasificar el cannabis como una droga de menor riesgo.
La orden presidencial dirige a la Fiscal General a iniciar el proceso administrativo para trasladar el cannabis de la Lista I de la Ley de Sustancias Controladas, donde ha estado desde 1971 junto a drogas como la heroína y el LSD, consideradas sin uso médico aceptado y con alto potencial de abuso a la Lista III. Esta nueva categoría incluye sustancias con un "potencial de moderado a bajo de dependencia", como algunos esteroides anabólicos, la ketamina y medicamentos como el Tylenol con codeína. Si bien la marihuana seguirá siendo ilegal a nivel federal, esta reclasificación supone un reconocimiento formal de su potencial médico y reduce las barreras legales que han obstaculizado la investigación científica durante décadas.
El cambio tiene consecuencias inmediatas y de largo alcance. Por un lado, se desbloquea y facilita significativamente el estudio de los beneficios y riesgos del cannabis, ya que los científicos ya no necesitarán superar los estrictos requisitos de la Lista I. Además, los dispensarios de cannabis operando legalmente bajo leyes estatales se beneficiarán de deducciones fiscales de las que actualmente están prohibidos, al desaparecer la restricción que afecta a los negocios que trafican con sustancias de la Lista I.
En un movimiento paralelo, Trump ordenó a su administración trabajar con el Congreso para crear un programa que permita el acceso al cannabidiol (CBD) sin costo para algunos beneficiarios de Medicaid, previa recomendación médica. Las autoridades sanitarias también recibieron el mandato de estudiar a fondo los efectos reales del CBD.
La acción de Trump materializa promesas de campaña y marca una clara distancia con políticas de tolerancia cero del pasado. "Creo que es hora de poner fin a las interminables detenciones y encarcelamientos de adultos por pequeñas cantidades de marihuana para uso personal", escribió el presidente el año pasado en Truth Social. Este movimiento también retoma y busca culminar una iniciativa similar propuesta, pero no concretada, por la administración de Joe Biden, cuya DEA impulsó un proceso de reclasificación que se vio entrampado en desafíos legales y administrativos.
La medida no estuvo exenta de controversia dentro del propio partido del presidente. Un grupo de 22 senadores republicanos enviaron una carta abierta advirtiendo que normalizar el cannabis perjudicaría la reindustrialización de EE.UU. y promocionaría estilos de vida poco saludables. "Reclasificar la marihuana... implicaría transmitir a nuestros hijos que es segura. Eso no podría estar más lejos de la realidad", argumentaron los senadores. Sin embargo, esta postura parece ir contra la corriente de la opinión pública. Encuestas recientes, como una de Gallup de noviembre, muestran que cerca de dos tercios de los estadounidenses apoyan la legalización de la marihuana, aunque el apoyo entre los votantes republicanos ha disminuido en los últimos años.



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