Karol G: violencia intrafamiliar, abuso y manipulación

Verónica Giraldo, hermana mayor de Karol G, insiste en que su depresión postparto y sus traumas de infancia han sido utilizados para pintarla como una figura inestable y arrebatarle a su hija Sophía
Cultura y OcioAndy AguilarAndy Aguilar
Familia de Karol G Foto: Instagram de Jessica Giraldo
Familia de Karol G Foto: Instagram de Jessica Giraldo

El drama que rodea a Verónica Giraldo, la hermana mayor de la cantante Karol G, ha alcanzado un punto de quiebre este febrero de 2026, transformándose en una desgarradora crónica de fractura familiar y disputas legales. Lo que comenzó como una serie de desahogos en redes sociales terminó por revelar una realidad que dista mucho de la imagen de unidad que los Giraldo suelen proyectar al mundo.

La crisis estalló cuando Verónica, visiblemente afectada y entre lágrimas, denunció que se encuentra en una batalla legal por la custodia de su pequeña hija, Sophia. Según sus declaraciones, su expareja, Jaime Llano, estaría utilizando sus antecedentes de problemas de salud mental —específicamente sus episodios de depresión y ansiedad— como un arma en los tribunales para arrebatarle a la niña.

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La situación escaló a niveles alarmantes cuando Verónica apareció en videos mostrando heridas ensangrentadas en sus manos, explicando que se las provocó al intentar romper un vidrio en la casa de sus padres, Guillermo Giraldo (Papá G) y Martha Navarro, en un desesperado intento por ver a su hija.

La revelación más cruda de esta crónica

En medio de la que parece la peor disputa de la vida conyugal y familiar de Verónica, salieron a la luz situaciones que vivió de niña y que habla de la violencia doméstica que presenció en sus padres durante su infancia. Desmintiendo la narrativa de un hogar perfecto, afirmó que creció presenciando episodios de violencia intrafamiliar entre sus padres.

Relató detalles perturbadores, mencionando que su padre agredía físicamente a su madre y que incluso llegó a golpearla con un arma, dejándola ensangrentada, para luego actuar al día siguiente como si nada hubiera pasado. Para Verónica, este ciclo de violencia marcó su vida y es la razón por la que hoy se atreve a denunciar que su familia no es el refugio que todos creen.

Ante este incendio mediático, la respuesta institucional de la familia llegó a través de Jessica Giraldo, otra de las hermanas de Karol G. En un comunicado oficial, Jessica pidió empatía y respeto, reconociendo que atraviesan un momento "sensible y difícil".

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Explicó que la prioridad de la familia es que Verónica reciba la atención profesional adecuada para su salud mental y proteger el bienestar de la pequeña Sophia. Mientras tanto, Karol G ha mantenido un silencio absoluto, y la cuenta de Instagram de Verónica desapareció poco después de sus explosivas declaraciones, dejando el conflicto en manos de las autoridades y en la incertidumbre de una familia que hoy enfrenta su crisis más pública y dolorosa.

Víctima de violencia en el embarazo

En sus declaraciones más recientes, la hermana de la "Bichota" ha desglosado un patrón de maltrato psicológico que, según sus palabras, comenzó mucho antes de que la custodia de su hija Sophia se convirtiera en un botín de guerra legal.

Verónica aseguró que durante su embarazo, una etapa en la que la salud de la bebé estuvo en riesgo crítico, su pareja la dejó a su suerte. Según su testimonio, los problemas médicos que enfrentó durante la gestación fueron agravados por el estrés de una relación marcada por la ausencia y la frialdad.

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Para ella, el hecho de haber estado a punto de perder a su hija en el vientre y no haber contado con el apoyo del padre "es una herida que nunca cerró", y que ahora se reabre con la disputa por la custodia.

Uno de los puntos más dolorosos de su denuncia es la manipulación de su imagen como madre. Verónica afirmó que su entorno ha intentado instalar la narrativa de que ella "no quería seguir siendo mamá", utilizando su vulnerabilidad y sus crisis de salud mental para invalidar su instinto y su capacidad de cuidado. 

Verónica rechaza tajantemente esta acusación, viéndola como una estrategia calculada para justificar el arrebato de la niña y para silenciar sus reclamos de afecto y presencia familiar.
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