Sombras en el 'paddock': los nexos de la Fórmula 1 con Epstein

Documentos judiciales revelan la cercanía de la élite del automovilismo de la Fórmula 1 con Epstein
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La narrativa de prestigio, vanguardia y capital global que rodea a la Fórmula 1 se ha enfrentado a un desafío reputacional sin precedentes.

La desclasificación de documentos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos (EEUU) ha reabierto un capítulo sombrío al exponer una red de contactos que vincula a Jeffrey Epstein con figuras fundamentales del deporte motor.

Aunque los archivos no establecen nuevas acusaciones penales, sí documentan una preocupante proximidad social y financiera entre Epstein y nombres que han definido la gobernanza y la expansión comercial de la máxima categoría en las últimas dos décadas.

Desde intentos de compra de circuitos históricos hasta intercambios de mensajería privada, el rastro de Epstein se infiltra en las estructuras más influyentes de la parilla.

El nombre más prominente en este entramado es el de Bernie Ecclestone, quien fuera el arquitecto del modelo de negocio moderno de la competición.

Según los registros, un recibo de mensajería de julio de 2001 certifica el envío de un paquete de Epstein a Ecclestone.

Una década después, la relación parecía trascender lo social: correos de 2011 revelan que Epstein encabezó un consorcio interesado en adquirir el icónico circuito de Silverstone.

departamento-de-justicia-eeuu-colaboradores-de-epsteinLos guardianes del legado de Epstein: los hombres que custodian sus secretos y su fortuna

En estas negociaciones, que finalmente no prosperaron, también participó el político británico Peter Mandelson.

La relevancia de este episodio no reside en el fracaso de la transacción, sino en la evidencia de una interlocución directa entre la cúpula del automovilismo y el financiero en un momento clave para el deporte.

A diferencia del exdirigente, Lawrence Stroll, actual propietario de Aston Martin F1 Team, representa el vínculo con la parrilla activa.

Los documentos judiciales registran envíos de paquetes y menciones explícitas de Ghislaine Maxwell sobre la asistencia de Stroll a cenas organizadas por Epstein en su residencia de Nueva York en 2003.

Asimismo, consta que en 2014, Epstein consultó a su piloto privado sobre la posible adquisición de una aeronave vinculada al empresario canadiense.

Estas interacciones dibujan un patrón donde el alto patrimonio y la hospitalidad de lujo servían de puente entre la inversión deportiva y los círculos sociales de Epstein.

Flavio Briatore, figura tan carismática como polémica y exjefe de Renault, también aparece en la correspondencia. Mensajes de 2005 y 2010 sugieren reuniones presenciales y un trato de cercanía, llegando Epstein a referirse a él como "mi amigo italiano".

El historial de Briatore, ya marcado por escándalos previos de integridad deportiva, refuerza la percepción de una élite acostumbrada a transitar por zonas grises regulatorias donde el capital y las relaciones personales se entrelazan de forma opaca.

La actual gestión de la Fórmula 1, ahora bajo el control de Liberty Media, depende críticamente de su credibilidad institucional y de la transparencia ante patrocinadores y fondos soberanos.

Históricamente, el deporte motor ha operado como un club cerrado de grandes fortunas donde la ética a menudo se veía subordinada a la velocidad de los negocios. 

Incluso la gobernanza institucional se ve rozada por estas revelaciones. Jean Todt, expresidente de la FIA, aparece mencionado en intercambios de 2013 y 2017, donde se consultaba a Epstein sobre su conocimiento del entonces jefe del organismo rector.

Por su parte, el subcampeón mundial de 1999, Eddie Irvine, surge de forma tangencial en correos relacionados con contactos sociales en Irlanda.

Aunque los archivos no prueban conspiraciones delictivas dentro de la F1, sí confirman que el deporte de élite se mueve en una red de influencias donde los límites éticos suelen ser peligrosamente difusos.

Con información de Excelsior 

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