
Mette-Marit de Noruega bajo mínimos: el escándalo de Epstein sentencia su imagen pública

La tormenta reputacional que atraviesa la Casa Real de Noruega ha alcanzado un nuevo e irreversible nivel de gravedad. Pese a los intentos de la princesa Mette-Marit por mitigar el impacto de su pasada relación con Jeffrey Epstein, el sector asociativo del país ha comenzado un repliegue sin precedentes.
La última entidad en romper lazos ha sido Fokus (Foro para la Mujer y los Asuntos del Desarrollo), una organización de referencia que agrupa a 45 asociaciones y trabaja en nueve países de África y América Latina.
La decisión, comunicada bajo un estricto "respeto a las personas involucradas", supone un golpe de gracia a la agenda social de la heredera.
Este goteo de renuncias no es un hecho aislado, sino una sentencia a su imagen pública. Antes de Fokus, instituciones de peso como Sex and Society, la Asociación Noruega de Bibliotecas y el Consejo de Salud Mental ya habían optado por rescindir sus contratos de patrocinio y mecenazgo.
Para estas entidades, la presencia de la mujer del príncipe Haakon como figura visible resulta incompatible con sus valores éticos, especialmente tras confirmarse que el contacto entre Mette-Marit y Jeffrey Epstein se prolongó de forma intermitente entre los años 2011 y 2014.
En un intento desesperado por retomar el control de la narrativa, Mette-Marit concedió una entrevista en la cadena pública NRK, emitida el pasado 19 de marzo. Durante la comparecencia, la Princesa admitió su error con una crudeza inusual: "Se aprovechó de que era una ingenua. Me sentí insegura", confesó.
Sin embargo, sus palabras no lograron convencer a los sectores más críticos, quienes cuestionan cómo una figura de su rango pudo mantener una amistad con el magnate años después de que sus delitos fueran de conocimiento público.
"Es mi responsabilidad no haber investigado sus antecedentes con mayor detenimiento", aseveró ante las cámaras.
La estrategia de defensa de la Corona ha consistido en presentar a la Princesa como una víctima colateral de la manipulación de Epstein.
Según su testimonio, el magnate le fue presentado por conocidos de confianza en el ámbito de la salud global. "Eran personas cuyo criterio me inspiraba confianza", apostilló, aunque evitó dar nombres específicos para proteger su entorno.
Por su parte, el príncipe Haakon respaldó a su esposa asegurando que la relación "no era un secreto" entre ellos y que ella rompió el contacto al concluir que Epstein era "una persona que no le deseaba el bien".
Este aislamiento institucional se produce en un momento de máxima vulnerabilidad para la familia, coincidiendo con el complejo proceso judicial que enfrenta el hijo mayor de la Princesa, Marius Borg Høiby, cuya sentencia mantiene en vilo a la opinión pública noruega.
El escenario para la monarquía nórdica es sombrío. Lo que más parece herir a la heredera es la desclasificación de su correspondencia privada en los archivos de Epstein. "Es lo que más me cuesta aceptar", reconoció, visiblemente afectada por la filtración de unos documentos que han terminado por dinamitar décadas de trabajo en favor de los derechos humanos y la salud mental.
Con información de Semana


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