
Alarma en la NASA: nueve científicos vinculados a proyectos sensibles han muerto

La comunidad científica y los servicios de inteligencia de Estados Unidos (EEUU) se enfrentan a un enigma que escala hacia la seguridad nacional. El reciente fallecimiento repentino de Michael David Hicks, investigador de la NASA de 59 años, ha encendido las alarmas al confirmarse como el noveno incidente letal o desaparición en un círculo estrecho de especialistas vinculados a proyectos aeroespaciales y nucleares críticos.
Aunque no se han formalizado acusaciones de asesinato en todos los casos, el patrón de estas pérdidas entre 2024 y 2026 sugiere, según expertos, una posible campaña de sabotaje dirigida contra el capital intelectual del país.
Hicks, pieza clave del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), dedicó décadas a misiones de alto impacto como el Proyecto DART, diseñado para desviar asteroides peligrosos, y la misión Deep Space 1.
Su muerte, de causas aún no reveladas, coincide en el tiempo con la de colaboradores directos como Frank Maiwald y el astrofísico Carl Grillmair, de Caltech, quien fue asesinado en el porche de su casa en febrero de 2026.
A esta lista se suma Monica Reza, directora del Grupo de Procesamiento de Materiales del JPL, de quien no se tiene noticia desde junio de 2025, configurando un escenario donde el conocimiento estratégico parece estar bajo asedio.
El fenómeno trasciende los muros de la NASA y alcanza las bases de investigación nuclear más herméticas. En el Laboratorio Nacional de Los Álamos (LANL), cuna del Proyecto Manhattan, se han reportado las desapariciones de Anthony Chávez y Melissa Casias.
Ambos manejaban información sobre armas nucleares y tecnologías de defensa. Simultáneamente, la comunidad académica lamenta la pérdida del físico Nuno Loureiro, del MIT, asesinado a tiros en Massachusetts en diciembre de 2025, un suceso que las autoridades han vinculado tangencialmente con incidentes violentos en otras universidades, pero que muchos analistas ven como parte de un objetivo más amplio.
La inquietud ha llegado hasta el Congreso de los Estados Unidos. Figuras como el congresista Tim Burchett y el ex subdirector del FBI, Chris Swecker, sostienen que estas muertes inexplicables no son fortuitas, sino que responden a operaciones de inteligencia extranjera (contra China, Rusia, etc.) desde la Guerra Fría.
Según Swecker, existe un hilo conductor: el acceso de estas víctimas a tecnologías de seguimiento de misiles y energías limpias. La NASA, por su parte, mantiene un silencio institucional que solo alimenta las especulaciones sobre la vulnerabilidad de su personal más cualificado.
Este escenario se produce en un contexto de máxima tensión geopolítica, donde la hegemonía tecnológica y espacial se ha convertido en el nuevo tablero de ajedrez.
Sin embargo, el factor más inquietante de esta trama lo aporta Burchett, miembro del Grupo de Trabajo sobre la Desclasificación de Secretos Federales.
El congresista ha sugerido que el trasfondo de estos ataques podría estar relacionado con información clasificada sobre vida extraterrestre.
"Si publicaran lo que he visto, la sociedad se desmoronaría", afirmó recientemente, vinculando indirectamente a los científicos desaparecidos con el manejo de datos que, de ver la luz, cambiarían la concepción humana del universo.
Mientras la investigación prosigue, la ciencia estadounidense se enfrenta a un goteo de bajas que amenaza con paralizar sus proyectos más ambiciosos.
Con información de 20minutos



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