
Rey Carlos III y el expríncipe Andrés: rivalidad más allá del caso Epstein
Andy Aguilar
La relación entre el rey Carlos III y el expríncipe Andrés de York no es simplemente una desavenencia fraternal, sino el choque de dos visiones opuestas sobre la supervivencia de la monarquía británica en el siglo veintiuno. Esta rivalidad, que comenzó en la infancia como una competencia por la atención de la Reina Isabel II, según historiadores y la serie "The Crown", se ha transformado con las décadas en una guerra fría institucional.
Mientras Carlos siempre personificó el peso de la responsabilidad y la espera paciente por el trono, Andrés fue durante mucho tiempo el hijo predilecto, el héroe de la guerra de las Malvinas que gozaba de una libertad y una falta de escrutinio que su hermano mayor, como heredero, nunca pudo permitirse.
La tensión alcanzó su punto de ruptura con el escándalo vinculado a Jeffrey Epstein. Para Carlos, las asociaciones de su hermano y las posteriores acusaciones de abuso sexual no solo eran una tragedia familiar, sino una amenaza existencial para la Corona.
Se dice que Carlos fue la fuerza motriz detrás de la decisión de despojar a Andrés de sus títulos militares y patrocinios reales, así como de su retiro de la vida pública. Para el actual rey, la protección de la institución siempre ha sido primordial.
La disputa inmobiliaria
El Rey ha presionado para que su hermano abandone la lujosa propiedad de treinta habitaciones en Windsor, sugiriendo que se traslade a la más modesta Frogmore Cottage. Esta disputa no es solo por metros cuadrados, sino por el estatus que aún desea conservar el Duque de York. Carlos, al cortarle la asignación económica para su seguridad privada, ha enviado un mensaje contundente: en su reinado, no hay espacio para figuras que no aporten valor a la Corona o que empañen su prestigio.
Este enfrentamiento inmobiliario no ocurre en un vacío, sino que proyecta una sombra alargada sobre la relación del Rey con sus sobrinas, las princesas Beatriz y Eugenia. Durante años, Andrés intentó posicionar a sus hijas como activos fundamentales de la firma, buscando para ellas salarios oficiales y protección policial financiada por el Estado.
La negativa sistemática de Carlos, basada en su plan de una monarquía reducida, sembró lo que para algunas fuentes reales fueron las primeras semillas de resentimiento.
Para las hermanas York, la situación es profundamente ambivalente: por un lado, mantienen una lealtad inquebrantable hacia su padre, a quien han apoyado en sus momentos más oscuros, pero por otro, son conscientes de que su futuro y su imagen pública dependen de la buena voluntad de su tío, el Rey.
Percepción pública de la monarquía británica
Un país dividido por la lealtad institucional y el rechazo personal hacia figuras específicas, podría ser el panorama actual de Reino Unido gracias a la disputa entre Carlos III y el expríncipe Andrés como el eje de esta tensión. Según los barómetros de opinión más recientes, como los de YouGov e Ipsos, el rey Carlos III ha logrado mantener una base de apoyo sólida, con aproximadamente un 60% de aprobación.
El público británico parece respaldar mayoritariamente su decisión de apartar a su hermano de la vida oficial; de hecho, casi el 80% de los encuestados consideran que retirar los títulos y honores militares a Andrés fue la medida correcta para proteger la Corona.




El nombre de Ellen DeGeneres en la red de Jeffrey Epstein y el mito del canibalismo


Outlander temporada final: fecha de estreno del adiós definitivo de Jamie y Claire

Antonio Banderas se instala en Madrid: lujo y rigor empresarial en el Retiro







