
El oro se dispara un 20% impulsado por la escalada bélica en Irán

El rally alcista que el oro que inició en 2025 ha encontrado un nuevo catalizador en la crisis geopolítica de Irán, elevando su cotización por encima de la barrera de los 5.200 dólares.
Respaldado por una acumulación masiva de los bancos centrales y la expectativa de nuevos recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, el metal precioso se posiciona como el activo resiliente por excelencia en un 2026 marcado por la incertidumbre global.
El metal precioso ha consolidado una revalorización superior al 20% en lo que va de 2026, una tendencia que los analistas no consideran aislada, sino fruto de una "tormenta perfecta" de factores macroeconómicos.
El recrudecimiento de las tensiones en Irán ha inyectado una prima de riesgo geopolítico que ha empujado el valor del lingote a niveles inéditos, superando con holgura los 5.200 dólares por onza.
A diferencia de otros ciclos, la columna vertebral de este ascenso se encuentra en la demanda institucional.
Según informes de entidades como ING, los bancos centrales han intensificado la diversificación de sus reservas para mitigar el riesgo de sanciones y reducir la dependencia estructural del dólar.
Este proceso de "desdolarización" se observa con claridad en casos como el de Polonia, que aspira a elevar sus reservas de 550 a 700 toneladas, o China, que ha mantenido compras ininterrumpidas durante más de 15 meses, mostrando una inmunidad casi total a la volatilidad de los precios.
Desde el World Gold Council, se advierte que, aunque las valoraciones actuales son elevadas, los riesgos persistentes exigen cautela a los inversores.
La divergencia entre la euforia de los mercados de renta variable y la fragilidad de la política económica global está fomentando un trasvase de capital hacia los Fondos Cotizados (ETF) respaldados por oro.
Esta especulación financiera, lejos de ser volátil, parece responder a una necesidad de cobertura ante niveles de deuda que no se veían desde finales de la década de los noventa.
La política monetaria de Estados Unidos (EEUU) actúa como el tercer gran motor de este rally. Las proyecciones de firmas como UBS apuntan a que la Reserva Federal ejecutará al menos dos recortes adicionales de tasas en 2026.
Históricamente, el inicio de ciclos de relajación monetaria ha sido un terreno fértil para el metal; los datos cuantitativos de Bernstein sugieren que el oro suele subir un promedio del 6,53% al año de producirse los recortes.
Bajo este escenario, una reducción doble de tipos implicaría un potencial de apreciación cercano al 13% adicional.
Este fenómeno de refugio se produce en un momento crítico para la estabilidad internacional, donde la muerte de figuras clave en Oriente Medio y la intervención de potencias occidentales han reconfigurado las rutas comerciales y energéticas.
El oro, en este contexto, deja de ser un mero activo especulativo para transformarse en el termómetro del miedo global y en el único ancla de estabilidad para las carteras institucionales.
Mirando hacia el futuro, las casas de análisis han revisado al alza sus escenarios base. Mientras que para finales de 2026 se proyecta una estabilización en torno a los 4.800 dólares (tras posibles correcciones técnicas), las previsiones para 2030 sitúan la onza en los 6.100 dólares.
La resiliencia del metal, capaz de rendir incluso tras subidas prolongadas, refuerza su valor estratégico frente a una inflación subyacente que en Estados Unidos se resiste a bajar del 3% y un panorama geopolítico que, por ahora, no ofrece señales de distensión.
Con información de Bloomberg



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