
Astrónomos descubren una "super-Tierra" gélida que desafía la vida

Científicos de diversos países han descubierto un nuevo exoplaneta, identificado como HD 137010 b, el cual ha sido catalogado como una "super-Tierra" con altas probabilidades de albergar agua.
Sin embargo, el entusiasmo de la comunidad astronómica se enfrenta a un obstáculo determinante: las temperaturas extremas de este mundo lo sitúan en un estado de congelación perpetua.
Aunque el planeta se encuentra técnicamente en la zona habitable de su sistema, las estimaciones preliminares sugieren que se trata de un entorno inviable para la vida biológica tradicional debido a un clima que impide la existencia de agua líquida en su superficie.
Este hallazgo, liderado por investigadores vinculados a la Universidad de Texas en Austin y publicado en el repositorio especializado arXiv, detalla que HD 137010 b orbita una estrella enana de tipo K a unos 146 años luz de distancia.
Con una masa superior a la terrestre, este mundo rocoso completa una traslación cada 355 días, un ciclo casi idéntico al de nuestro calendario.
Pese a esta similitud temporal, la estrella que lo rige es considerablemente más débil que el sol, lo que provoca que el planeta reciba una radiación insuficiente para mantener un clima templado.
La investigación se apoyó en datos del buscador de planetas de alta precisión HET, ubicado en el Observatorio McDonald. Los espectrógrafos confirmaron que, aunque el tamaño y la composición rocosa son prometedores, la temperatura de equilibrio se desploma hasta los -70 °C.
Según los modelos climáticos de la NASA, un mundo en estas condiciones solo podría ser habitable si poseyera una atmósfera masiva capaz de retener calor mediante un efecto invernadero extremo, una característica que aún no ha sido confirmada.
El debate científico se centra ahora en la composición química de su posible atmósfera. Instituciones como el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) han señalado en estudios previos sobre exoplanetas similares que la presencia de gases pesados podría ser la clave para rescatar a estos mundos del "estado de bola de nieve".
En el caso de HD 137010 b, el interés radica en que es uno de los pocos planetas rocosos con un período orbital tan parecido a la Tierra, lo que permite estudiar la formación de sistemas solares que espejan el nuestro en estructura, pero no en energía.
Este descubrimiento se enmarca en una era dorada de la exploración espacial, donde la detección de planetas en zonas habitables se ha vuelto frecuente gracias a la mejora de la tecnología óptica. No obstante, este caso recuerda que la distancia a la estrella es solo uno de los múltiples factores necesarios para la vida.
El estudio de HD 137010 b servirá como laboratorio para calibrar los instrumentos del futuro, permitiendo distinguir entre planetas que simplemente "parecen" la Tierra y aquellos que realmente pueden sostener biosferas activas.
Finalmente, el equipo internacional espera que las próximas misiones de espectroscopia de tránsito analicen la luz de la estrella a través de la atmósfera del planeta. Esto determinaría si existen rastros de dióxido de carbono o metano que puedan elevar la temperatura superficial.



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