
¿Patagonia sin pingüinos? El regreso del puma desata una matanza masiva

El equilibrio de los ecosistemas es una balanza de extrema fragilidad donde la modificación de una sola pieza desencadena efectos dominó impredecibles.
Actualmente, el Parque Nacional Monte León, en la Patagonia argentina, es el escenario de un fenómeno biológico que ha encendido las alarmas de la comunidad científica internacional: el retorno masivo del puma (Puma concolor) a sus dominios históricos y su impacto devastador sobre las colonias de pingüinos de Magallanes.
Durante la mayor parte del siglo XX, la presencia humana y la explotación ganadera desplazaron a los felinos de estas costas.
Esta ausencia de depredadores terrestres permitió que las colonias de aves marinas se expandieran sin restricciones desde las islas hacia el continente.
Sin embargo, tras el abandono de las estancias ganaderas en la década de 1990 y el fortalecimiento de las políticas de protección, los pumas han recuperado su territorio, encontrándose con una fuente de alimento tan abundante como indefensa.
Un exhaustivo estudio liderado por la Wildlife Conservation Research Unit de la Universidad de Oxford, en colaboración con la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, ha puesto cifras a este conflicto.
Los investigadores documentaron la pérdida de más de 7.000 pingüinos adultos en un período de cuatro años, lo que representa aproximadamente el 7,6% de la población total de la colonia del parque, estimada en unos 93.000 individuos.
Lo más inquietante para los biólogos no es solo la cifra de mortalidad, sino el comportamiento de los depredadores. La investigación, difundida por el Journal for Nature Conservation, revela que la mayoría de las aves fueron devoradas solo de forma parcial.
Este fenómeno es técnicamente conocido como surplus killing o matanza excedente.
Según Melisa Lera, autora principal del estudio, los pumas están cazando muy por encima de sus necesidades energéticas debido a la vulnerabilidad extrema de los pingüinos y la facilidad de captura.
Este escenario es una paradoja para las políticas de protección animal en el mundo, ya que se enfrentan dos éxitos de conservación: la recuperación de un gran carnívoro amenazado y la preservación de una colonia de aves icónica.
El contexto global de cambio climático, que ya afecta la disponibilidad de nutrientes en el mar, se suma ahora a esta presión terrestre, obligando a los gestores ambientales a replantearse si la naturaleza debe seguir su curso o si es necesaria la intervención humana para mediar en esta "guerra" biológica.
A pesar de la magnitud de la matanza, los modelos matemáticos desarrollados por los científicos sugieren que los pumas, de forma aislada, no conducirán a la extinción total de la colonia.
Sin embargo, advierten que la supervivencia a largo plazo de estas aves marinas dependerá críticamente de factores externos como el éxito reproductivo y la temperatura del océano, variables que hoy se ven agravadas por la intensa actividad de los felinos.
La Patagonia enfrenta así el desafío de gestionar un ecosistema que vuelve a ser salvaje, con todas las consecuencias cruentas que ello implica.
Con información de 20minutos




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